Qué hace la asesoría durante la constitución
El trabajo empieza antes de la escritura. La asesoría te ayuda a elegir la forma jurídica adecuada, comprueba que la denominación social está disponible, redacta los estatutos y prepara la documentación para la notaría.
Después coordina las inscripciones: el NIF definitivo de la sociedad, la inscripción en el Registro Mercantil y las altas de socios y administradores. También tramita el alta del autónomo societario o del régimen de administradores de quien vaya a trabajar en la empresa.
En una SL el capital mínimo es de 3.000€ y el proceso completo suele llevar entre una y tres semanas. La asesoría se encarga de que cada paso se haga en orden y de que no falte ningún documento, que es donde se pierden las semanas.
Lo que ocurre después de la constitución
La parte que más se subestima es la que viene después. Toda sociedad tiene obligaciones periódicas: IVA trimestral, pagos fraccionados del Impuesto de Sociedades, contabilidad al día y cuentas anuales presentadas en el Registro Mercantil.
Si la empresa contrata personal, se suman nóminas, seguros sociales y retenciones. Cada obligación tiene su plazo y sus sanciones si se incumple, y un despacho se encarga de calendarizarlas y presentarlas.
Por eso la mayoría de las asesorías no venden solo la constitución: venden el servicio de contabilidad y fiscalidad mensual que la acompaña. Al decidir, compara el paquete completo, no solo el precio de crear la sociedad.
Asesoría, gestoría o abogado: cuándo cada uno
La gestoría se centra en trámites administrativos: dar de alta, presentar modelos, inscribir documentos. Es el perfil adecuado para una empresa consolidada con una fiscalidad sencilla que solo necesita que se presenten las cosas a tiempo.
La asesoría añade criterio: analiza las decisiones (qué forma jurídica, cómo tributas, cómo estructuras la contratación) y tiene responsabilidad sobre el consejo que da. Es lo que conviene al crear la empresa y durante los primeros años de crecimiento.
El abogado entra cuando hay conflicto o contratos complejos: litigios, socios, compraventas, reclamaciones. No hace falta uno de plantilla para operar, pero sí saber cuándo derivar el problema.
Cuándo te hace falta de verdad
Puedes constituir una sociedad sin asesoría y hacer la contabilidad por tu cuenta. Es viable en negocios muy pequeños, sin empleados y con operaciones simples.
La asesoría empieza a ser necesaria cuando aparece uno de estos tres factores: facturas con IVA internacional (registro de operador intracomunitario, VIES), personal contratado con su nómina, o actividad en otro país con su propia fiscalidad. Cada uno multiplica las obligaciones y el coste de equivocarse.
Si tu plan es abrir empresa en otro país, el cálculo cambia: necesitas un despacho que conozca la normativa local o un servicio que la integre, porque cada país tiene sus plazos, sus formularios y su idioma procesal.
Cómo elegir la asesoría
Mira primero el alcance del servicio y del precio: qué modelos incluye, qué responde el contrato, si hay límite de consultas. Los precios bajos de captación suelen esconder servicios mínimos o recargos por cada trámite extra.
Comprueba que trabaja con empresas de tu tipo y de tu sector, y pregunta quién llevará tu expediente y cómo se comunica (muchas asesorías digitales funcionan por email y tienen tiempos de respuesta razonables).
Pide referencias y revisa que el despacho responde cuando algo sale mal, porque en fiscalidad el error se paga con recargos e intereses. La relación con tu asesoría es de las más largas de tu empresa: merece la pena elegir con criterio.
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